El camino del hierro.

Reportaje de Benjamín Llorens en su sección "Contrastes", donde nos acerca la historia de la llegada del ferrocarril a Alicante, con fotografías y grabados de la época de los momentos y protagonistas históricos. 
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El de 1858 fue un año decisivo para el despegue de Alicante hacia la modernidad. Nada más comenzar, el 4 de enero, llegó a la estación el primer tren en pruebas tras un viaje de 16 horas desde Madrid (la diligencia podía tardar unos 3 días).

La diligencia de viajeros por el barranco de Busot.

Una semana antes, el 28 de diciembre de 1857, sobre las diez de la noche se recibía en Alicante el telegrama que comunicaba la finalización de la vía férrea a las siete y media de la tarde. El invento estaba listo para echar a andar hasta el mar.


Por aquel entonces, se acostumbraba a emplear la expresión "camino de hierro" para referirse al ferrocarril. Un galicismo resultado de la traducción literal de "chemin de fer". Francia ejercía como potencia de mayor influencia cultural.

El camino de hierro Madrid-Alicante fue la primera línea férrea de largo recorrido en la peninsula ibérica. El 1 de marzo se realizó el primer viaje con pasajeros aunque la inauguración oficial se pospuso hasta finales de mayo para contar con la presencia de la reina Isabel II, que realizó el viaje entre la capital de España y Alicante el 25 de mayo de 1858 en un clima de gran solemnidad y boato como veremos en un próximo Contrastes.

El vagón Real.

La llegada del tren a Alicante fue el resultado de sucesivas prolongaciones de vía. Primero se construyó el tramo Madrid- Aranjuez, después el Aranjuez-Almansa y por último el que unía la ciudad manchega con el Mediterráneo, lo que servía para poner en funcionamiento e inaugurar el magnífico edificio de la Estación Alicante-Término.
Grabado de época. Archivo Municipal de Alicante.

En esta singladura tuvo un papel muy destacado José María Salamanca Mallol, marqués de Salamanca y conde de Los LLanos, personaje novelesco que pasó del exilio forzoso a banquero de la Corona. Se enriqueció y arruinó alternativamente. Vivió en el esplendor y en las tinieblas.


Volvamos al camino de hierro. Estamos en 1856, el marqués de Salamanca (por él se llama así la alicantina avenida de Salamanca delante de la estación) era propietario de la concesión ferroviaria entre Madrid y Almansa. La Compañia del Ferrocarril Almansa-Alicante ostentaba la concesión del último tramo, el que llegaba al mar. Era su propietario José Viudes, marqués de Rioflorido, senador del Reino y vecino de Alicante. Esta compañía tenía verdaderos problemas para captar recursos, así que el espabilado de Salamanca no tardó en hacerse con ella y en junio de 1856 el Estado le declaró como único concesionario de toda la línea Madrid-Alicante.

Acto seguido el marqués, que no perdía ripio cuando olfateaba un buen negocio, traspasó la concesión (25-septiembre-1856) a la Compañía de Ferrocarriles Madrid-Zaragoza-Alicante, más conocida por las siglas MZA (entre los propietarios, aunque con un peso relativo, también figuraba Salamanca). Su accionista de referencia era la Sociedad

Española Mercantil e Industrial que ¡oh, sorpresa! a pesar del nombre estaba en manos de la familia Rotschild, de París, y el banco de crédito francés Societé Grand Central.


En un arranque de patriotismo el marqués vendió la primera línea férrea española de largo recorrido al capital francés que también controlaba la mayoría de los consignatarios del puerto alicantino. MZA terminó de financiar la obra y puso al frente del proyecto a sus ingenieros franceses que se encargaron de finalizar la construcción y las dotaciones técnicas en el tiempo previsto. Cumplieron con los plazos y el patriota Salamanca pasó de ser un hombre rico a inmensamente rico.


Cuando el camino de hierro comenzó a transportar pasajeros las tarifas del viaje completo entre la capital del Reino y el mar Mediterráneo oscilaban entre los 186 reales de vellón que costaba viajar en primera clase y los 82 que abonaban los que hacían el recorrido en 3ª.


Los 455 kms. de vía férrea trajeron muchas cosas para Alicante y su población. De entrada la ciudad se convirtió en el puerto oficial de Madrid. Un trayecto que duraba varios días pasó a realizarse en horas, haciendo posible que desde el centro de la península se pudieran embarcar rápidamente las mercancías y -en sentido contrario- llegar a la capital las que se descargaban en el puerto. En los primeros 5 años de tren (1858-63) el volumen de mercancías transportadas de Alicante a Madrid creció desde las 150 mil toneladas hasta las 280 mil.

La Rada de Alicante. Cuadro de Rafael Monleón en foto de LaurentyCía.

Se inauguró la era del Turismo instalándose balnearios en la playa del Postiguet ante la afluencia de visitantes de la capital que acabaron popularizando el tren-botijo. A saber, vagones atestados de mesetarios ávidos de sol y playa que para combatir el calor del viaje llevaban botijos (igual como hoy llevamos móviles) en los que el agua se mantenía algo más fresca. El botijo era el objeto de moda en la travesía ferroviaria de la meseta al mar.

Esperando el tren-botijo en la estación de Alicante.

Enseguida se estableció un trasiego de viajeros que rondaba los 700 mil anuales. Incluso una parte de la nobleza y burguesía europeas elegían Alicante como puerto de embarque hacia las Indias Occidentales, hacia América. La ciudad contaba con no menos de 13 legaciones consulares que representaban a la práctica totalidad de paises europeos importantes y dos americanos: Brasil y Estados Unidos.

Pero la consecuencia más duradera fue que el camino de hierro alteró el ritmo de la vida. El tiempo había transcurrido lentamente durante siglos pero con la velocidad adquirió valor de mercado. Aumentó la capacidad y rapidez del transporte tanto de mercancías como de personas y -por ende- de noticias, de información. Esta tormenta en las costumbres afectaría a la psicología de las personas acelerando el ritmo vital de la sociedad. Decididamente empezamos a vivir más deprisa y ya no hemos parado.

El tren botijo en la estación de Alicante.
Fuentes e Imágenes:
Archivo Municipal de Alicante (fotos de Francisco Ramos Martín, siglo XIX) ; Ferrocarriles de
España (Juan Peris Torner) ; Biblioteca Nacional de España ( fotos de August Muriel, Legray y
Cia, Laurent y Cia) ; Historia de la ciudad de Alicante. Edad Contemporánea (coordinación
de Glicerio Rico y Francisco Moreno Saez).


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