El tesoro oculto de la Serra Gelada

Leyendas Urbanas de Alicante
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Cientos de personas visitan cada semana el escarpado Parc Natural de la Serra Gelada, cuya extensión de más de 5600 hectáreas se reparte entre los municipios de Benidorm —al suroeste—, l’Alfàs del Pi y Altea —al noreste—, conservando rincones de gran interés paisajístico, medioambiental e histórico, a pesar de la incesante presión urbanística.

No en vano, el parque constituye uno de los parajes más frecuentados de la provincia alicantina —tal vez, por la alta tasa de extranjeros europeos, tanto residentes como turistas—, ya que los diferentes itinerarios marcados en el entorno y, sobre todo, el camino que llega al Faro de l’Albir —situado en el extremo noreste de la Serra Gelada, en término municipal de l’Alfàs del Pi—, son frecuentados no solo por visitantes de poblaciones cercanas sino también y, posiblemente en mayor medida, por los propios vecinos de la zona —l’Alfàs del Pi y Altea—, quienes transitan a diario el citado camino, bien a pie, corriendo o en bicicleta. 

Pero si de lunes a viernes el lugar ya cuenta con numerosas visitas, con la llegada del fin de semana estas se disparan y no es difícil ver a excursionistas preparados para visitar, además, las minas de ocre —a las cuales se llega a través de una escarpada senda—, aficionados y profesionales de la fotografía inmortalizando los asombrosos paisajes del entorno, paseantes con ropa de calle e incluso personas con silla de ruedas, ya que el itinerario es completamente accesible aunque con ligeras pendientes.
Además, el suave clima de la Costa Blanca permite visitar la Serra Gelada en cualquier época del año, lo cual es totalmente recomendable para conocer tanto el entorno natural como la historia del Faro de l’Albir —actualmente habilitado como Centro de Interpretación—, el cual fue construido en el año 1863 junto a los restos de una antigua torre vigía —la Torre Bombarda— datada hacia el siglo XVI.

La Serra Gelada constituye, en su conjunto, un importante tesoro que todos debemos custodiar y salvaguardar. Aunque la tradición oral habla de otro tipo de tesoro…

La princesa encantada de l’Albir
Cuenta la leyenda que, en una de las cavidades de las minas de ocre —a escasos metros del Faro de l’Albir— se encuentra, desde hace mucho tiempo, una hermosa princesa árabe encantada bajo un cruel hechizo que la mantiene cautiva y custodiando, convertida en una monstruosa serpiente, un increíble tesoro. 

Dicen que tan solo se deja ver una vez cada cuarto de siglo, y que aquel que quiera romper el hechizo deberá hacerlo, mostrándose ante la princesa-serpiente, con tres rebanadas de pan: una en cada mano y otra entre los dientes. Si el valiente no huye despavorido al observar a la monstruosa doncella encantada, obtendrá amor, fortuna y salud.

25NOV 2015
 por Adán Agulló |  publicado en: Arquitectura,NaturalezaLeyendasHistoria |
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