El ocaso que originó l’Illa.

Frente a la bahía de la turística ciudad de Benidorm (Alicante). . . . . . . .
Frente a la bahía de la turística ciudad de Benidorm (Alicante), a unas 2 millas náuticas de la costa y dentro del área de protección del Parc Natural de la Serra Gelada, se encuentra la pequeña isla homónima —también llamada simplemente l’Illa (la isla), por los benidormenses— con una extensión de en torno a 7 hectáreas y una altitud máxima de 73 msnm. Se puede llegar en menos de treinta minutos a la isla desde Benidorm, para lo cual es necesario embarcarse en una «golondrina» —así son conocidas, allí, las embarcaciones empleadas para tal fin— y, aunque está deshabitada, cuenta con un pequeño embarcadero, un faro y un único restaurante. Es posible recorrerla, a pie y fácilmente, a través de las sendas que en esta existen.

Como dato curioso, cabe comentar que fue utilizada, hacia el año 1834, como refugio para varias familias de Benidorm y La Vila (Villajoyosa), ya que estos municipios estaban sufriendo las consecuencias de una epidemia de cólera. Anteriormente, la isla pudo ser utilizada en diferentes ocasiones, por los piratas berberiscos, como base de operaciones en sus numerosas incursiones a las poblaciones costeras de la zona.

Pero vayamos a la parte mágica de la isla, la cual atribuye su origen a un misterioso suceso.

La leyenda cuenta que…

Dicen que hace mucho tiempo, hace cientos de años, habitaba en las faldas del Puig Campana (el monte situado junto a Finestrat, al norte-noroeste de Benidorm y a poca distancia de este) un robusto gigante llamado Roldán, el cual vivía plácidamente por aquellos lugares, sin más preocupación que la de cazar para comer y recoger leña para proporcionarse una buena lumbre, pues se había construido una cabaña con todas las comodidades de las que podía disponer.

Un buen día vio el gigante a una hermosa doncella por el Puig Campana y, tras percatarse ella de su presencia y observarse mutuamente, quedaron ambos profundamente enamorados. La mujer se trasladó con Roldán, a su cabaña, y allí vivieron felices durante largo tiempo. Aunque todo tiene su fin.

Andaba el gigante paseando por el monte cuando, de forma repentina, se topó con un ente tenebroso, oscuro y extraño. Le advirtió este que su preciosa amada se hallaba agonizando, en la cabaña, y que cuando el último rayo de sol se escondiera, la vida de la mujer se esfumaría igualmente y sin remedio alguno. Enfurecido, corrió Roldán hacia su humilde hogar y, una vez allí, comprobó lo que aquella sombría figura le había asegurado: la vida de su amada sucumbía, poco a poco.

Pensó el gigante en encontrar una solución para tan trágica situación, pero el astro rey seguía su curso en el cielo, a su parecer, con más presteza que la habitual. Pronto comenzó a esconderse el sol y, desesperado el gigante, hizo lo posible por conceder unos instantes más de vida a la joven: para que los últimos rayos de sol siguieran alcanzando su cabaña, golpeó con tal fuerza la montaña que un descomunal trozo de roca salió despedido por los aires y fue a parar en medio del mar, creando una nueva isla, la actual isla de Benidorm, l’Illa. Pero finalmente el sol se escondió, mientras la vida de la moribunda doncella expiraba.

Cuentan que cogió el gigante Roldán a su joven amada, en brazos, y la llevó hasta la isla recién creada por él mismo donde, ya de noche y con luna llena, exhaló esta su último aliento. Lo mismo hizo el gigante, pues allí permaneció, junto al cuerpo inerte de la mujer, hasta perecer de inanición.

Existen numerosas versiones de esta leyenda. La anterior parece haber adoptado el nombre del gigante (Roldán) de otra leyenda originaria de los Pirineos, aunque actualmente está bastante extendida.
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9DIC 2015
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